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7 de mayo de 2011

Terra: III. Despertar


La noche era eterna. Seguía retorciéndome de dolor en el suelo, mientras mi brazo era poseído por aquella viscosa sangre negra. El dolor era cada vez más agudo, más profundo, cada vez más real. Porque, en todos los años que llevábamos en la montaña, nunca habíamos oído nada parecido, nada de esas bestias ensombrecidas. Y, por no haber oído nunca nada de ellas, ahora Amy estaba muerta, tendida a mi lado, con el rostro inexpresivo.

Me debatía en pensar si el dolor emocional era más fuerte que el físico, pero llegó un momento en que ya no podía ni siquiera razonar. Aquella cosa se había apoderado de mi brazo izquierdo, y ahora, me estaba matando desde dentro. El bosque parecía haberse quedado despejado, no había atisbo de ninguna de aquellas cosas alrededor. Quedaban un par de horas para que amaneciese, al menos quería sobrevivir hasta entonces. 

30 de abril de 2011

Terra: II. Sombras


-Están todos listos-la voz de Amy me sacó de mi pequeño estado de trance-Vámonos antes de que alguien nos vea.

Me limité a responder con la cabeza, intentando aclarar todas las ideas que de repente se agolpaban en mi mente. Seguía sin saber realmente si aquella era una buena idea, pero ya era demasiado tarde. Los niños estaban ya vestidos, aún adormilados, susurrando entre ellos. Los años de aislamiento en la maldita montaña les había convertido en seres introvertidos y distantes, y sus miradas no estaban llenas de alegría como la de la mayoría de los infantes, sus ojos estaban llenos de una profunda desesperanza que inundaba de infelicidad todos sus rostros. Intenté concentrarme

-No podemos salir por el camino corto que lleva a la ciudad, somos demasiados para pasar desapercibido. Atravesar el bosque y recorrer los caminos del Este es la opción más viable, aunque tardaremos unos días en llegar a cualquier ciudad de fuera del valle. Si no queremos que nos encuentre nadie, tendremos que salir de Smacchia lo antes posible-analicé la situación, pero cada alternativa era peor que la anterior.

19 de marzo de 2011

Terra

El Recuerdo, desde su trono elevado entre los cielos, se dio cuenta de la presencia de la criatura. Le miraba desde su propio trono, a cientos de kilómetros, pero sentía su mirada clavada en la espalda. Supo desde aquel mismo momento que un día, acabaría con ella, pero se calló sus pensamientos, por temor a que ella los escuchase.

La Locura observaba con curiosidad todos los movimientos de su hermano. Cada segundo sabía más de él. Oculto entre las entrañas de la tierra, en un trono negro envuelto por sedas de colores inertes,  se daba cuenta que su hermano le odiaba. Llevaba una eternidad contemplándole, enamorada de su perfección, a pesar de que sabía perfectamente que sería la mano de El Recuerdo la que acabaría con su existencia en aquel mundo.